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El emprendedor y la perseverancia
Cuando los tiempos se tornan difíciles y las amenazas acosan por los cuatro lados, el emprendedor pone a prueba su fortaleza, no solo para enfrentar los problemas que le asedian, sino para superar los obstáculos que pretenden retrasar o detener su ímpetu.
En el instante en que los músculos parecen desfallecer y la fatiga marca el límite de lo humano, los atletas triunfadores emprenden lo que ellos llaman su "segundo aliento", esa fuerza suprema que nace de su espiritualidad profunda, capaz de vencer al dolor y aniquilar el cansancio, para volver a la carga con más determinación y coraje hasta alcanzar la meta.
Esa misma determinación es la que marca la gran diferencia de los seres humanos, entre los que claudican ante la primera contrariedad y los que perseveran no solo para dar "un poquito más", sino para proyectarse optimistas y triunfadores hacia el amplio horizonte de la plenitud, que no tiene más límite que el que uno mismo se pone.
El emprendedor no se agota al desplegar con intensidad su energía en el primer momento, en ese instante inicial en el que a la idea la convierte en acción concreta y pone en marcha su proyecto.
El emprendedor no se queda estático luego del primer impulso, ni se arrincona pasivo o indiferente para contemplar desde lejos la suerte que corra su creación. Para el emprendedor su proyecto es su vida, en él compromete todo su ingenio, experiencia y esperanza, en él desarrolla toda su iniciativa y dedicación. Cada día que amanece es una oportunidad renovada para empeñarse con más ahínco y luchar con más decisión. El emprendedor no abandona su proyecto porque es como un hijo, al que debe alimentar, proteger, cuidar, orientar, conducir y guiar.
El emprendimiento no es solo el primer impulso que se acaba apenas concluye la inauguración. El emprendimiento es el espíritu que constantemente inyecta ánimo, optimismo, vigor y brío a la empresa; es la energía que le mantiene viva y pujante, es el alma de la empresa que le da aliento y fuerza para renovarse cada día, cada hora, cada instante.
El emprendedor sabe que el tiempo es un flujo que exige nuevas fuerzas en cada minuto, lo conseguido ayer solo es la base para el desafío de hoy, y lo alcanzado este día no es más que el antecedente de lo que se aspira a lograr mañana. El emprendimiento es como una escalera en la que cada peldaño lleva al siguiente y ese al próximo. De ahí que el emprendedor cultive en su mente, corazón y alma, la virtud de la perseverancia, para levantarse después de la caída, para volver empezar después del fracaso, para corregir el error y reanimarse cuando ha tropezado, a la vez que perfeccionar el acierto, mejorar lo que está bien y superar las metas conseguidas.
El emprendedor es tan impetuoso como constante, tan entusiasta como perseverante, tan audaz como persistente. El emprendedor no es de aquellos que se derrotan ante las incomprensiones ni los peligros, no es de esos que claudican cuando la adversidad llega y la tragedia azota. El emprendedor es por naturaleza tenaz e infatigable en su propósito, sabe luchar contra corriente y caminar hacia delante en medio de la tempestad y en el camino fragoso, está predispuesto a abrirse paso entre la aspereza y lo agreste, sin desmayar ni desmoralizarse.
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