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El emprendedor y la política
El sector pequeño y microempresarial del campo y la ciudad, que han demostrado su extraordinaria fortaleza para sostener a la Patria frente a todos los obstáculos y
dificultades, tienen el vigor suficiente y el derecho legítimo a participar en política para defender al ser humano y a la Patria; para legislar y hacer un gobierno inspirado en la justicia, la dignidad y la libertad; para abrir las oportunidades de capacitación, crédito, comunicación, tecnología y comercialización para todos.
El sector microempresarial debe actuar por sí mismo en la acción política nacional, sin intermediarios ni apoderados, sin tutelajes y condicionamientos. Todas las experiencias subordinadas han terminado en frustración y desengaño. Nadie puede llegar a su destino embarcándose en carro ajeno.
La participación política directa de los emprendedores, no es para excluir a nadie ni se dirige contra ningún integrante de la sociedad, porque es la participación humanista de sólidas bases espirituales orientada a promover el trabajo creativo y la iniciativa innovadora; es la participación democrática, integradora y sobre todo patriótica, que funde en un solo esfuerzo constructivo al costeño y al serrano, al mestizo y al indio, al montubio y al chagra, al amazónico y al galapagueño, al rico y al pobre, al profesional y al ambulante, al tendero y al industrial, al artesano y al comerciante, al joven y al viejo, al hombre y a la mujer, al artista y al minero, al profesor y al alumno.
Rescatar la esencia de la naturaleza humana, es recuperar la dimensión integralista de la sociedad, que se proyecta hacia un desarrollo autosustentable, absolutamente comprometido con la defensa de la biodiversidad y el equilibrio ecológico. Atentar contra la naturaleza es destruir al ser humano. Destrozar los recursos naturales por la desesperación del enriquecimiento de las élites de hoy, es un crimen contra la humanidad y en especial contra los niños de hoy y de los que están por nacer.
Es indispensable y urgente que la microempresa urbana y rural insurja y participe activa y organizadamente en política, solo así el trabajo honrado será la base del desarrollo nacional, solo así se acabará con la corrupción y la traición, solo así el ser humano recuperará su esencia espiritual y material, porque quienes conocen, comprenden y viven su ímpetu emprendedor, saben que si se libera la energía reprimida en el interior del alma, es capaz de construir el progreso nacional, convocando a todos a sumarse en una gran minga de entusiasmo solidario y convicción patriótica, porque "ser más es unirse más y más"1 , conforme lo decía Teilhard de Chardin.
La idea de la unidad se debilita a medida que las seudo élites carcomen la conciencia de identidad nacional, caen subyugadas ante las modas exóticas y se someten servilmente a los patrones de comportamiento ajenos; en cambio, la unidad se fortalece en proporción al nivel de conciencia de las raíces históricas, que permite entender que todos descendemos de los mismos ancestros, somos hermanos y tenemos un destino común, porque "en todo momento, pues, el individuo es sí mismo y la especie", como lo anotaba Kierkegaard, dado que en cada uno está condensada toda la historia. La conciencia de unidad abre las oportunidades para todos, estimula las iniciativas, convoca a los talentos, aviva la esperanza y robustece la fe, al mismo tiempo que pulveriza toda manifestación de egoísmo y corrupción.
El fraccionamiento es suicida, el divisionismo es autodestrucción, el canibalismo político y la antropofagia social quebrantan y desgarran a la comunidad. Es necesario renunciar al egocentrismo para unirse por objetivos superiores conciliando las legítimas aspiraciones de todos, para superar la autoimagen de país de desempleados y construir la Patria de emprendedores capaces de hacer del Ecuador una potencia productiva, una República de auténtica democracia política, social y económica, una vigorosa nación sustentada en principios y valores con una educación formadora de mentalidades creativas.
Esto no lo harán quienes por su estrecha visión e insaciable voracidad, ya han fracasado y nos han sumido en la peor crisis de la historia. El nuevo Ecuador lo forjarán quienes con su trabajo sostienen la economía nacional y mantienen latente la fe en la Patria. Participar de manera activa y decidida en política es un deber moral de todos los integrantes de la sociedad, continuar como espectadores es autocondenarse a soportar la injusticia y someterse ante el abuso y el atropello de los delincuentes de cuello blanco.
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